Richard Evans Schultes: La Amazonía recobradaLa biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República expone en su sede de Bogotá, Colombia, La Amazonía perdida: el viaje fotográfico de Richard Evan Schultes, de marzo 11 a mayo 4 de 2009, misma que ya había estado en Leticia, Amazonas, del 15 de enero al 23 de febrero de este mismo año.
El conocimiento etnobotánico del mundo amazónico que tiene occidente se le debe en buena medida al trabajo prolijo y riguroso de Richard Evans Schultes. Norteamericano de abuelos prusianos, estudiante de Harvard, dedicó catorce años de su trabajo a la exploración de esta vasta zona, mostrándonos su rica variedad. Tal vez el aporte más importante fue incorporar a la ciencia parte del conocimiento ancestral chamánico, al reportar la existencia de plantas y hongos que los habitantes de esa región usaban con fines medicinales, entre los cuales se destacan los que tienen propiedades psicotrópicas y enteogénicas. En este último campo realizó un barrido etnobotánico que amplia su campo de presentación a plantas sagradas de todos los continentes y que publicara en colaboración con otro de los grandes de este conocimiento, Alberto Hofmann, al que titularon acertadamente Plantas de los dioses: orígenes del uso de los alucinógenos.
La edición original de 1979 ha sido revisada por el etnofarmacólogo Christian Rälsch y publicada en nueva edición en castellano por el Fondo de Cultura Económica de México en el 2000. El revisor de esta edición, la presenta con estas palabras: “Cuando el libro Plantas de los dioses se publicó, marcó un hito en la etnobotánica y la etnofarmacología. El libro ha impresionado, inspirado y motivado a realizar sus propios estudios a numerosos investigadores jóvenes en todo el mundo, lo que ha resultado en gran cantidad de conocimientos nuevos acerca de las «plantas de los dioses»: se aclararon muchas dudas sobre los efectos y sustancias de las plantas psicoactivas. Procuré incorporar las nuevas informaciones a este libro de manera que no perdiera su carácter original y de que, por otro lado, reflejara el estado actual de los conocimientos. Espero que las «plantas de los dioses» sigan conservando su lugar en nuestro mundo y lleguen a las personas interesadas en los sagrado de la naturaleza”.Schultes poseía «ojo taxonómico», habilidad que desarrolló desde la niñez en la granja de uno de sus tíos donde se dedicaba a colectar hojas de plantas que identificaba en una guía que su tío le prestaba. Esta habilidad le permitía detectar de una sola mirada las plantas que encontraba. El toxicólogo Bo Holmsted relata una anécdota interesante al respecto. Durante el despegue de una avinoneta en la que viajaba con Schultes, al despegar casi se estrella contra los árboles vecinos. Mientras Holmsted “contenía el aliento presa del miedo” y mientras la avioneta daba tumbos, Schultes se mostraba feliz pues había divisado una nueva especie de Cecropia.
El botánico Richard Spruce, explorador durante catorce años de la amazonía le sirvió de inspirador y modelo para sus investigaciones. Otro botánico, Oaks Ames, orientó y animó a Schultes en Harvard para investigar las plantas psicotrópicas. Schultes ya había sido atrapado por estas plantas desde estudiante cuando encontró un tratado sobre el peyote (Lophophora williamsii), planta sagrada de los indios huicholes. Por ese camino realizó su tesis de doctorado sobre la flora del noreste de Oaxaca. En su trabajo de campo tuvo contacto con el teonanacatl, el hongo sagrado de María Sabina, y en sus exploraciones dedicó atención al ololiuqui (Rivea corymbosa, Convolvulaceae), bejuco mexicano, enteógeno tradicional de la región de Oaxaca. Con estos estudios, Schultes fue precursor de Gordon Wasson y Alberto Hofmann, a los cuales sirvió de fuente de información para sus estudios sobre los hongos enteogénicos de México, en especial los Psilocybe y Stropharia, a los cuales dedica un capítulo en este libro con el sugerente título de «las florecillas de los dioses».
En 1941 Schultes llega a Colombia para investigar el curare de los indígenas amazónicos. Allí lo sorprendió la Segunda Guerra Mundial, por lo que el Gobierno de los Estados Unidos le encomendó la tarea de estudiar el caucho, como alternativa al desabastecimiento de esa materia prima que se importaba de Asia. En ese plan, no solo se volvió experto en hule, sino que clasificó más de 24.000 especies de plantas. Con Schultes, la amazonía se reveló al mundo como el equivalente macro de la farmacia herbolaria casera, pues destacó el potencial médico de plantas ancestralmente medicinales como la coca y la ayahuasca (yagé). Su convivencia por largos períodos con poblaciones indígenas le permitió explorar el uso ritual de plantas psicotrópicas, con un absoluto respeto por el conocimiento de los chamanes locales, en muchos de los cuales él mismo participó.
La divulgación de sus estudios convirtió a Richard Evans Schultes en autoridad mundial de las plantas sagradas, aunque a veces fuera acusado de estar contribuyendo al «daño» que estas sustancias causaban a los jóvenes norteamericanos, hasta llegar a que su libro “Plantas de los dioses” fuera prohibido en algún jardín botánico, cuando su interés era el único posible y válido en estos casos: ofrecer información científica sobre características y propiedades de estas plantas importantes en la vida cultural y religiosa de muchos pueblos, de modo que las personas bien informadas puedan ejercer el derecho, en su libre albedrío, de consumir o no la rica variedad de especies vegetales que la vida regala a los humanos.
El prefacio del libro destaca en forma sencilla pero vigorosa, el papel de las plantas en la circulación de la energía del sol por los escenarios de la vida. Dicho prefacio dice: “Las primeras formas de vida en la Tierra fueron de tipo vegetal. Las plantas fueron la base para el desarrollo de formas de vida superiores, del reino animal y finalmente del ser humano. La cubierta verde de la Tierra tiene una relación maravillosa con el sol: absorbe los rayos solares para sintetizar compuestos orgánicos que son los materiales básicos de los organismos vegetales y animales. De esta manera la energía solar fluye hacia la Tierra y es almacenada en la materia vegetal en forma de energía química, fuente de todos los procesos vitales. Así, el reino vegetal no solo provee los alimentos para desarrollar nuestro organismo y las calorías para cubrir nuestras necesidades energéticas, sino también las vitaminas esenciales para regular el metabolismo y muchos principios activos empleados en los medicamentos.
La íntima relación entre el mundo vegetal y el organismo humano se manifiesta en particular en que algunas plantas producen sustancias que pueden influir en las profundidades de la mente y del espíritu del hombre. Los efectos maravillosos, inexplicables y hasta pavorosos de estas plantas aclaran lo importante que fueron en la vida religiosa de las culturas antiguas y la veneración como drogas mágicas y sagradas con que son tratadas aún por ciertos grupos nativos que han conservado sus tradiciones. Este libro de ocupa de dichas plantas”.






